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Tengo 35 años. Es importante este dato para ubicaros.
Hace una semana estuve dando clase de Marketing 2.0 a alumnos Comunicació Audiovisual en cierta facultad de Barcelona. Lo primero que me encontré fue alumnos escudados detrás de sus MacBook Pro. Luego fue un intenso ejercicio como profesor mientras me empapaba e intentaba comprender ciertos hábitos de consumo de un público que, pese a sentirme cercano e informado, me sorprendían con su punto de vista de ciertos temas que, para mí, eran obvios (error mío) y que todo el mundo (segundo error) comprendía de la misma manera. Fue interesante ver cómo era incapaz de aplicar dos normas de oro del marketing sobre mí mismo.
La 1ª es que lo que a ti te gusta (cámbialo por un “lo que tú crees”) no es lo que gusta (creen) los demás. Y hoy por hoy no estamos para jugar a ser profetas. Y menos para una sociedad überinformada.
La 2ª norma es que nunca des nada por sentado.
Como marketero, reaccioné rápido y procuré convertir esa debilidad mía, no en una fortaleza, si no en una oportunidad. Por supuesto que les enseñé muchas cosas y yo aprendí otras tantas. Como por ejemplo que esta gente de 20 y tantos, ya consideran el Whatsapp como una red social. No saben bien bien por qué, pero la consideran como tal. En mi caso asumo que lo es, pero no la considero como tal. No de momento. Esta gente sigue considerando que Facebook es un must y es esencial, son bastante enemigos de Twitter, y creen que Instagram es sólo para mostrar qué maravillosa es la vida del vecino.
Curioso este último dato si tenemos en cuenta que ellos, y los más jóvenes, son los reyes del selfie. En un momento de la clase, concretamente en ese momento en que les preguntas “¿Qué es una red social?”, la respuesta fue variada, pero cuando les dije que era una herramienta más y un canal que, bien explotado, podría ser un gran aliado, su cara fue digna de inmortalizar. Ellos, esta generación digital, quizás por lo normal que lo ven, o por hastío 2.0, no conciben (en su mayoría) las redes sociales como una herramienta como tal. Un divertimento sí. Un bonito lugar donde colgar publi. Pero les suena a chino las posibilidades que ofrece.
Facebook, Twitter, Vine, Instagram, Foursquare, LinkedIn… nada. Saben lo que es, y probablemente sepan configurarse unos perfiles riquísimos en LinkedIn, pero no lo entienden como “essential tools”. ¿Son ellos o somos nosotros que las tenemos en sobreestima? ¿Son ellos que se aburren o van por delante de ellas?
Apenas un estímulo ni una emoción expresada con videos virales de Youtube. Apenas una reacción cuando les hablamos de la audiencia multipantalla. Sí, prestan atención, pero no lo ven útil. Y llegados a este punto, la pregunta:
Si no somos capaces de emocionar, conmover o alterar, para bien o para mal, a estas audiencias jóvenes que decidirán la vida o muerte del cine, que ya ni se descargan pelis ilegales, que son fríos con los hypes, y que ni siquiera el porno online es un aliciente en internet ¿Cómo vamos a replantearnos el marketing?
Xavi Castillo
CEO & Marketing Strategist in RENO
Twitter: @SrUnpoco
company: RENO
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